Eduardo Vea y su Snow Graffiti: una posibilidad de reencuentro con el espacio público

En esta ocasión Xochipilli Magazine presenta la obra de Eduardo Vea, que nos invita a observar de manera renovada nuestra relación con el espacio público.

Eduardo Vea Keating, San Sebastián, España, 1975. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad del País Vasco. Trabaja como Director Creativo Multidisciplinar en una agencia de publicidad, actualmente en Chicago. Aunque trabaja en publicidad siempre ha experimentado en otros campos.

“Creo que así el trabajo como creativo se enriquece” E. Vea.

En nuestros días, en este contexto de pandemia, parece ser que toda actividad al aire libre se convirtió en una amenaza. El espacio público se tornó en un lugar del cual se tiene que salir rápidamente, ya no solo es la prisa por llegar de un punto a otro la que nos inclina a desmerecer la experiencia del trayecto, sino el estar el menor tiempo posible expuestos al contagio; nuestras calles y espacios públicos son una amenaza, y se han vuelto un telón de fondo que muchas veces pasa desapercibido. 

Menciono este detalle que ha cambiado nuestra vida cotidiana, ya que la obra de nuestro presente artista utiliza como elementos de sus obras, la ciudad, el barrio y la nieve, elementos que tal vez en otro tiempo no nos sorprenderían, pero en medio de la contingencia, estos elementos de la vida cotidiana, son una posibilidad de reencuentro con la ciudad, con la calle, con estar fuera de casa. 

La expresión artística como punto de encuentro

El arte, en sus múltiples expresiones, nos lanza la invitación a bajar el ritmo y considerar la relación con alguna obra como algo significativo, y parece ser que en ese detenerse la primera reacción que tenemos es preguntarnos acerca de su significado ¿y eso qué significa? Nos preguntamos cuando alguna obra nos propone algo diferente a lo que normalmente se inscribe en nuestros parámetros conceptuales. 

Establecer algún concepto o delimitar la obra bajo algún método nos permite encontrar algún significado inmediato y así acercarnos un poco a aquello que quiere transmitirnos el artista. Probablemente por la urgencia del tiempo o simplemente por la indiferencia, mantenemos la tendencia a comprender una obra simplemente para pasar a lo siguiente; conceptualizar en muchos de los casos es el intento de agotar en significado algo que se nos plantea como nuevo.

Conceptualizar en muchos de los casos es el intento de agotar en significado algo que se nos plantea como nuevo

En el caso de la obra de Eduardo Vea no es así, lejos de encontrar una concepción cerrada y clara de su obra, es decir, inscrita a conceptos o métodos conocidos, la obra del artista representa un encuentro sencillo, pero lleno de sorpresa con el espacio público. Uno puede encontrarse con la obra de Eduardo, como si se encontrara con algún signo de vialidad o un anuncio publicitario, sin embargo, la forma y los materiales con los que trabaja, nos invitan a expandir, al menos por un momento, una sonrisa de sorpresa y disipar la urgencia de salir del espacio abierto por la emergencia sanitaria.

¿Un lenguaje?

De entrada la obra de Eduardo, nos presenta una posibilidad de lenguaje. Probablemente habremos escuchado la famosa frase “la palabra no es la cosa” es decir, que existe una diferencia sustancial entre el significado y el significante, y bajo esta perspectiva, las formas que componen cada intervención del artista, nos ofrecen un significante que puede apuntar a un significado mental y auto narrativo. 

Existe texto en esas formas, pero es un texto que no parte de significantes lingüísticos sino geométricos. Algunos patrones orientados incluso a la clave morse, nos solicitan salir un poco de un lenguaje lineal y objetual, y de alguna manera adentrarnos a una narrativa simbólica, no sólo considerando los signos, sino todo el entorno público bajo el cual se ubica y se proyectan esas formas significantes compuestas de nieve.  

En cierto sentido la realidad que el artista nos propone se mueve entorno a una escisión, a la suspensión momentánea de la comprensión conceptual y objetual, sus obras de alguna manera nos invitan a ir recobrando la confianza del encuentro con la ciudad y nuestros espacios cotidianos. Lo interesante es que Eduardo no se lo propone, no busca directamente generar esa escisión e impacto en las personas, pero esto no ha de interpretarse como una indiferencia de su parte, sino como lo más propio de  la visión del arte que nos propone a partir de su trabajo.

Algunos patrones orientados incluso a la clave morse, nos solicitan salir un poco de un lenguaje lineal y objetual
foto de Andrew Hickey (derecha)
@drewinchicago

“yo solo voy caminando por el barrio, veo una pared y me pongo a jugar con la nieve”

Eduardo Vea

Juego y Snow Graffiti

Catalogar la obra de Eduardo como snow graffiti, nos remite a una significación originaria dentro del campo del arte urbano, es decir, que retoma lo público y la intervención del muro en la ciudad desde algo tan afianzado en el street art como lo es el graffiti, pero en lugar de utilizar elementos prefabricados como lo pueden llegar a ser el aerosol, utiliza un elemento que se comunica directamente con el entorno invernal que invade dicho espacio, es decir, la nieve.

Esto, claro que plantea un problema de temporalidad de la propia obra, nieve y aerosol mantienen una diferencia de duración sumamente considerable, sin embargo, este aspecto un tanto efímero de la nieve sobre el muro, produce esa sensación de estar observando algo por primera y tal vez por última vez, es decir que la temporalidad de la obra se entremezcla con la propia urgencia del caminante. 

Jugar es prácticamente el método de creación en la obra de nuestro artista. El juego, como principal motor de sus obras, nos sitúa en un lugar más acá del concepto y nos propone asumir nuestro encuentro con los espacios públicos desde una mirada nueva relacionada más a la frescura del juego que a la seriedad del concepto. Nos invita a relacionarnos con el espacio público desde un talante lúdico y creativo, y menos desde la precaución y la amenaza. Esto aun y cuando el artista no se lo proponga o no sea su intención primera. En este sentido, no hay un proceso previo en el que se piense la obra o se tenga cierta planificación de cada intervención; la espontaneidad se convierte en ese estado de creación “en muchas ocasiones solo me paro frente al muro, empiezo a jugar con la nieve y me digo: a ver que sale” nos dice el artista. 

Si tuviéramos que hablar de un método,  se trata de estar atento a la propia disposición de jugar y de crear, de establecer la expresión artística como un elemento más de la cotidianidad y no como una actividad que pertenece a seres privilegiados. El juego, como principal motor de estas obras, nos propone asumir nuestro encuentro con el espacio público de manera sencilla y clara. 

El reencuentro con la ciudad

Parece ser que, en cierto sentido, la ciudad es la que propone sus espacios, y la intervención del artista, produce un momento de encuentro para quien logre estar atento. Uno va caminando y se topa con algún snow graffiti y la relación con el trayecto cambia “en ocasiones me he quedado minutos observando una esquina, pensando la mejor manera de intervenir ese espacio” ya  no es solo un trayecto que circula de a→b, como si lo verdadero sólo fuera el punto de partida y de llegada, sino que la obra del artista representa una reinvención de ese trayecto, nos ofrece detenernos o al menos girar el cuello, tal vez logrando en nosotros que esa interacción con la ciudad, el trayecto y la obra, establezcan un nuevo sentido “lo importante para mí es disfrutar el proceso, jugar, si eso logra generar algo a una sola persona, ya se habrá logrado algo”.  

Por último, es interesante mencionar que en el snow graffiti no hay una disociación de elementos, ya que todos pertenecen al ámbito público y están integrados en la misma, artista, muro, nieve y ciudad. Descontextualizar la nieve, a lo dadaísta,  me parece que es y representa el logro de este artista; la escisión que nos invita a un reencuentro con nuestra ciudad, con nuestro barrio, con el espacio público. 

Escrito por Pedro Pablo Marin (arte, ciudad, poesía y hip hop)